La situación es para protestar
Ya que la boca parece que no quiere cerrarse y está entrando demasiado oxígeno y de esta forma está espabilando a algunos temas adormecidos de los que uno intenta hablar lo mínimo, voy a ver en qué acaba todo esto. Por estas fechas hace unos meses pensaba que podría estar inmerso en alguna expedición y concretamente tenía un objetivo para hacer en solitario y con el único estilo que se puede plantear cuando no se utilizan sherpas ni otras ayudas, llámese alpino o casero. Por dos razones me he tenido que quedar disfrutando de la familia y los amigos, y soportando al enemigo número uno: la crisis. Un motivo que me ha hecho quedarme ha sido haber venido algo tocado de los pies, como sabeis, de la expedición del kangchen. Cuando se tienen este tipo de daños por principios de congelación es conveniente darle tiempo a la recuperación, máxime si lo que se quiere hacer es sin oxígeno y la montaña se acerca a los 9000 metros. El otro motivo es que el día 23 de setiembre tengo que asistir a un juicio por un accidente hace más de dos años y medio cuando iba de Vitoria hacia Urkiola. Un energúmeno me embistió en mi carril en un cambio rasante, por supuesto línea contínua, que hay antes de llegar al alto de Urkiola desde Vitoria. Iría a unos 130 km/h y yo a no más de 50. Si no llego a ir en mi furgón carrozado, mi herramienta de trabajo y en su lugar hubiera usado cualquier coche estaría escribiendo ahora desde ultratumba. Y si pensamos en cualquier familia que se hubiera encontrado con ese demonio, la tragedia habría sido gorda. Lo que viene después de un accidente como este en donde uno agradece estar vivo, son los siete largos meses de convalecencia y para un autónomo del transporte como yo, la lucha para volver a salir al ruedo comprando un nuevo vehículo, alquilando otro durante cuatro meses y contratando un chófer, amén de una expedición que tenía programada para ese año y que por el motivo que tuve que apearme, a uno le jode. Por no hablar de las secuelas, esos duendes invisibles que aparecen cuando menos te lo esperas y te recuerdan el fatídico día.
He hablado de dos razones por las que este año por estas fechas no voy a ninguna expedición pero quizás, haya una tercera razón también que de no haber interferido las dos primeras habría sido difícil de sortear: nunca he ido a más de una expedición en un año, me echarían de casa.
Ya que he sacado el tema de mi trabajo cotidiano a parte de los garbeos por el monte, quiero alentar a todos los autónomos de mi gremio, el transporte, que sé por experiencia que lo están pasando terriblemente mal. Un transportista para poder rular aunque sea tres horas a la semana tiene que pagar a todo bicho viviente que tiene que ver con este gremio: seguros, impuestos, créditos etc, mientras la herramienta de trabajo sin usarse apenas se está devaluando. Una ruina, de verdad. Por poner un ejemplo, ¿cómo las aseguradoras pueden tener la cara de seguir subiendo los seguros cuando se trabaja mucho menos de la mitad cuando se trata de autónomos pequeños? Es realmente grotesco. Desde esta ventana quiero acabar este artículo solidarizándome con todos los que lo están pasando mal y que no pierdan la motivación de seguir hacia adelante.



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