Llegada a Zhang Mu

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Así como quien no quiere la cosa hemos llegado a Zhang Mu, conjunto de casas horrendas que tratan de aparentar ser una ciudad y se quedan en algo que roza el disparate y el ridículo en medio de la espesura del bosque y entre montañas que se levantan descaradamente pareciendo perder respeto al mismo cielo. Esta especie de muralla a base de edificios ostentosos de hojalata y materiales caducos a merced de los rigores del clima, es lo que pretende borrar la huella de lo que estas tierras siguen siendo: la esencia del pueblo tibetano. Y de hecho parece conseguirlo, no en vano toda esta exhibición de prepotencia, inhumanidad y en definitiva, desprecio al pueblo tibetano,  salpica a cualquiera que como nosotros pretendemos cruzar la frontera para seguir camino hacia el Everest. Se podría decir incluso que desde donde han levantado este esperpento de ciudad pueden dominar también una amplia zona de Nepal. Es tal la influencia de esta frontera en los vecinos nepalíes que parecen haberse metido de lleno en este juego del comercio sin darse cuenta que los que se llevan la mejor parte son los chinos y en ese intercambio les roban hasta la identidad.

En esta ocasión hemos pasado la frontera sin problema alguno y directamente hemos entrado en el hotel que la agencia nos ha reservado. A pesar de querer mirar con buenos ojos el lugar donde nos encontramos no podemos dejar de estar alerta y dejamos que nuestros sentidos nos avisen de cualquier peligro. Txingu y yo subimos al cuarto piso y Gotzon y Edorta hasta el séptimo. Nada más entrar a la habitación algo me insinúa que tengo que abrir la cama para cerciorarme de que sólo se trata de una idea descabellada.  Cuando veo las sábanas con partes de pelaje y sospechosos cambios de color, convoco una reunión de urgencia y salimos a encontrar habitaciones en otro hotel con mejor apariencia. Si me dio por abrir la cama era porque la habitación hablaba ya por sí misma. Además me trajo el recuerdo de cuando fui de viaje por Chile en bicicleta con Pati, mi mujer, y tuvimos que montar la tienda encima de la cama del hotel, ya que por la rendija de la puerta entraba de continuo un riachuelo de agua de los baños.

Publicado el 12/08/2010 por Alberto Zerain.

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