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Hemos pasado tres noches en el campo base chino y desde la víspera tenemos a escasos metros de nuestras tiendas diez yaks dando buena cuenta de los escasos brotes de musgo y algunos hierbajos que asoman. Así que por la noche, tras una cena a base de ensalada, pollo y espaguetis, regada por un buen Covila, vamos ocupando cada uno su sitio para escuchar el concierto que nos ofrecen en directo los malditos perros que no hacen otra cosa que poner nerviosos a los yaks y atormentar a las pobres marmotas, obligándolas a que hagan dieta, cosa que dudo, con el esplendoroso cuerpo que muestran. Por la mañana temprano hemos ido desmontando parte del campamento y subiremos al avanzado. Cuando los bultos han estado ordenados, hemos procedido a pesarlos en compañía del oficial de enlace, Nahuan, y otros encargados del ritual. Al final, han salido 1000 kg, y teniendo en cuenta que somos cuatro, y que seguramente juguemos más a que sobre que a que falte, es una cantidad normal. Al principio nos dicen que todo irá en los 10 yaks, a pesar de sobrepasar el peso que en teoría deben llevar por 40 kilos. Este año, los yaks están muy fuertes. Ha habido mucho pasto, nos dice Nahuan. Este añadido que lleva cada yak, nos comentan, sale más rentable que si se tuvieran que pagar yaks extras siguiendo la norma de la carga. La agencia cubre gastos de 10 yaks, no así los 40 kg de más que llevan.
Esto que suena tan bien podemos ver que tiene su pega nada más cargar a los yaks. Uno de los diez yaks sale disparado cada vez que lo cargan, deshaciéndose de todo lo que le atan, poniendo en peligro al personal. Ese yak va a ser la oveja negra en el recorrido. Los demás, aunque serios y tranquilos, van con las justas y a un ritmo que hace que esta primera etapa no lleguemos más que a los 5200 m, faltándonos para la etapa siguiente más de 1000 m de altitud, que a saber cómo los vamos a alcanzar. Toda la noche ha estado lloviendo y cayendo aguanieve. A pesar de todo, todo indica que esta mañana podemos realizar la etapa. Los yaks, que se pueden reír de la lluvia con la mata de lana que los cubre, están ya de pie, como esperando empezar de una vez el juego de acarrear fardos sobre sus lomos. Esta vez he querido adelantarme a los preparativos de los animales y me he adelantado al grupo animal y humano para pisar lo que pisé ahora hace diez años con la novedad de que, por el sendero del glaciar, la soledad es mi acompañante fiel. Veo zonas por donde van a tener que pasar los yaks y me da qué pensar. Según subo algo más, el glaciar muestra los tajos y sus precipicios, la nieve caída en la noche oculta el sendero que va por las lomas de hielo baldosadas con rocas. Veo después, con preocupación, una avalancha de lodo, roca y hielo y partes de la ladera de la montaña que no ha aguantado firme debido al agua y nieve caída.
Poco después, llego al verdadero campo intermedio donde estoy ahora escribiendo y observando el glaciar por donde las enormes torres de hielo son visibles y realzan su belleza sobre los colores ocres de la morrena. No quiero ni pensar lo que nos falta todavía hasta ese otro campo avanzado situado a 6300 m. Además, el sendero que discurre en apariencia transitable para los yaks, se corta de repente, mostrando sólo una ladera descompuesta sobre el hielo. Es difícil que pueda engañarme pensando que los yakeros sabrán hacerles pasar por esos lugares. Efectivamente, cuando el primero de los yaks ve algo sospechoso para su integridad física, no se anda con chiquitas: se da media vuelta, aparentando murmurar “que le den”. Aquí se acaba la etapa, y nos dejan con todos los trastos en este lugar hermoso pero lejano para empezar a aclimatar en el Everest.
Ahora sí que somos conscientes del estilo que vamos a emplear en toda la expedición. Será un estilo pesado para nosotros porque lo poco que llevaremos tendrá que ir siempre encima nuestro. No queda otro recurso que aprovechar cada etapa que se pueda cubriendo grandes distancias, lo que nos exigirá un gran esfuerzo del que habrá que recuperarse bien para luego intentar el objetivo.
Publicado el 17/08/2010 por Alberto Zerain.
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